JAPÓN – DÍA 7: EXCURSIÓN A NIKKO & AKIHABARA

Nikkō (Nikkō-shi), significa, literalmente, «luz del sol». Y resulta cómico porque nosotros no vimos ni un ápice de esa luz en todo el día! Lo cierto es que no estuvimos solos; la lluvia, cientos de viajeros y sus paraguas, nos acompañaron durante toda la excursión por esta preciosa aldea de montaña. Pero a pesar de ello… os prometo que nos enamoró.

Nikkō es famosa por el sorprendente santuario Toshogu, pero lo que más nos cautivó, fue la belleza de la naturaleza que lo envuelve. Su Parque Nacional está lleno de rutas de senderismo entre montañas y cascadas que nos quedaron pendientes por descubrir!

Nosotros decidimos centrarnos en la zona central por falta de tiempo y por la intensa lluvia, así que prescindimos de las zonas de los lagos y tampoco visitamos ningún Onsen.

Nikkō está situada a 140 km al norte de Tokyo, o lo que es lo mismo, a dos horas en tren. Con nuestros JR Pass, tomamos un shinkansen (tren rápido o bala) desde Ueno hasta Utsunomiya (50 minutos) y de ahí cambiamos a la línea local JR Nikko hasta Nikkō (50 minutos). Tal y cómo os explicábamos en el primer post, descubrir Japón a través de las ventanas de sus trenes es uno de sus principales atractivos, por lo extremadamente cómodo que es moverse en ellos, como por lo que atrapan los paisajes que acompañan durante sus trayectos… En este caso, dejamos detrás edificios altos, grises y ruidos, para meternos en de pleno en bosques, zonas verdes y campos de arroz.

Habíamos leído que su conjunto de templos y santuarios formaba parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999 y también sobre la belleza del santuario Toshogu, así que moríamos de ganas por plantarnos delante de él!

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Fuente: http://oze-travel.com/nikko-day-trip-toshohu-shrine-from-oze-national-park-katashina/

Desde la estación de Nikkō parten autobuses que te llevan hasta la entrada de los templos, pero nosotros decidimos ir paseando por el pueblo. La primera parada fue en el mítico puente sagrado Shinkyo (el punto rosa del mapa), conocido por la leyenda que cuenta que Shodo Shonin, el monje fundador del Shihonryu-ji, cruzó el puente sobre dos serpientes un día que se encontró el río Daiya embravecido.

Nos dirigimos a ver las estatuas de madera lacada en oro del templo Rinnoji, pero nos quedamos con ganas de ver el salón sin los andamios que lo cubren hasta marzo de 2019 (su interior, por eso, sí puede visitarse).

Y por fin… El santuario Tōshōgū. Sencilla y espectacularmente bello. Después de cruzar un impresionante torii de piedra construido en 1618, nos encontramos con la primera de las estampas que más buscábamos: la pagoda de Tōshōgū. Construida en el 1650 y reconstruida en 1818 tras un incendio, sus cinco niveles representan, de manera ascendente, a la tierra, el agua, el fuego, el viento y al cielo. No pudimos tomar muchas fotos porque caía un diluvio universal, pero os aseguro que es precioso.

Al ladito de la pagoda, compramos nuestra entrada de acceso al recinto. Cruzamos la puerta principal del santuario y empezó el festival de edificios de preciosas tallas de madera, colores y detalles bonitos. Nos adentramos en la zona de templos japoneses y poco a poco (al ritmo de cientos de paraguas de colores que marcaban el paso), llegamos a la bella puerta Yomeimon.

Caminamos un poco más, llegamos a la puerta Karamon, y tras ella al salón de plegarias Haiden y el salón principal Honde, en el que nos descalzamos para entrar a su interior.

Dejamos detrás Tōshōgū para dirigirnos hacia Taiyūinbyō, del mismo estilo que el anterior e igual de maravilloso a pesar de ser algo menos recargado…lástima que la lluvia seguía acompañándonos y no pudimos tomar todas las fotos que hubiésemos querido!

  

La visita a Nikko fue intensa pero insuficiente, ahora revisamos las fotos y recordamos la sensación que tuvimos al dejarla atrás… esos paraguas y centenares de personas que nos acompañaron provocaron un profundo sentimiento de saber con certeza que algún día, tendríamos que regresar. Regresar para disfrutar y saborear de la luz del sol que tan bien define su nombre.

Regresamos a Tokyo y el plan de esa noche estaba claro: queríamos perdernos por uno de sus barrios más conocidos: Akihabara!, uno de los centros de la electrónica del país y una de las mecas del manga!

Tiendas de electrónica, videojuegos, manga nos atraparon esa noche y hemos de reconocer que nos encantó! Ninguno de los dos somos  amantes del manga ni del anime y pensamos que el barrio no nos llamaría especialmente la atención, no era una de las visitas que esperábamos con más interés… y aún así fue divertidísimo pasear entre luces, carteles de neón y pantallas de televisión gigantes que nos bombardeaban con cientos de imágenes!

Algo super curioso: las chicas vestidas de manga en muchas tiendas manga y por las calles!

Y HASTA AQUÍ NUESTRO SÉPTIMO DÍA DE RUTA! NIKKŌ… NOS VOLVEREMOS A VER ALGÚN DÍA. Y HASTA QUE NO LLEGUE ESE MOMENTO, ESPERO QUE VOSOTROS ENCONTRÉIS EN ESTE POST ALGO DE INSPIRACIÓN Y LA VISITÉIS EN BREVE! GRACIAS, COMO SIEMPRE, POR LEERNOS, HASTA EL PRÓXIMO POST VIAJEROS!

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